Cuenta atrás para Las Alfonsadas 2026
El mes de junio es para Calatayud sinónimo de historia, mezcla de culturas y transformación, pues traslada a la ciudad bilbilitana hasta el año 1120, momento en el que Alfonso I el Batallador consigue su conquista.Qal‘at Ayyūb, así se conocía por aquel entonces a nuestra ciudad, se encontraba en manos de los almorávides, un imperio bereber norteafricano que se había hecho con el control de gran parte de al-Ándalus. Y en ella convivían 3 culturas: musulmana, cristiana y judía.
Zaragoza, también controlada por los almorávides, había capitulado el 18 de diciembre de 1118 y se convirtió de inmediato en la capital del Reino de Aragón. Sin embargo, el flanco suroeste se encontraba completamente desprotegido.Calatayud se erigió, entonces, como un punto estratégico. En primer lugar, para asegurarla protección a la nueva capital del reino. Y en segundo lugar comopunto de paso clave hacia el interior de la península y hacia la costa de Valencia.
Aunando todo este contexto, llegamos a la primavera de 1120. Alfonso I el Batallador cerca la ciudad de Calatayud, pero se encuentra con un enorme sistema defensivo islámico. Opta por una guerra de desgaste a través de la construcción de fortificaciones menores, de cortes de suministro de agua y de la instalación de almajaneques (catapultas) que bombardeaban las murallas de las fortificaciones musulmanas.
Ante la amenaza cristiana, el emir almorávide, Alí Ibn Yusuf, ordena una movilización masivaencabezada por su hermano, el general Ibrahim Ibn Yusuf. El denominado “ejército de socorro” tenía dos cometidos principales: el levante del sitio de Calatayud e infligir la derrota definitiva del rey aragonés.
Alfonso I fue informado del avance de las tropas de socorro hacia sus posiciones. Decidió dejar un número reducido de huestes manteniendo el asedio y enviar el grueso del contingente a la intercepción del enemigo. Ese encuentro tuvo lugar en Cutanda, a 50 kilómetros al sureste de Calatayud, el 17 de junio de 1120. La victoria cristiana fue rotunda y el 24 de junio de 1120 se produce la rendición almorávide. Posteriormente, se hace entrega de las ciudades de Calatayud y Daroca, así como la totalidad de los valles del Jalón y del Jiloca.
El Rey concedió a la ciudad en 1131 unos “Fueros”, conjunto de privilegios y normas jurídicas locales que favorecían el asentamiento de población en la extremadura aragonesa.
Estos acontecimientos que acabamos de relatar se recrean desde 2006 cada mes de junio en Calatayud bajo el nombre de “Las Alfonsadas”.Este se podrá disfrutar del 18 al 21 de junio El casco histórico cobra una especial relevanciaconvirtiéndose en el epicentro de esta festividad. Se engalana con distintas jaimas, un mercado medieval y numerosas representaciones históricas.
Al igual Alfonso I el Batallador conquistó cada vez más lugares, “Las Alfonsadas” han hecho lo propio con el corazón del gentío. Son cada vez más los moradores y foráneos que se deleitan e impregnan de los olores, sabores, la alegría de nuestras tres culturas.Con el transcurso de las ediciones el crecimientoha sido mayúsculo, hasta obtener el título de fiestas de Interés Turístico de Aragón. Asimismo, otra prueba de ello es la pertenenciaa la Asociación Española de Fiestas y Recreaciones Históricas.
Si tenemos en cuenta los datos, son aproximadamente1100 personas las que participan con la vestimenta medieval, formando parte de las más de 30 jaimas, que representan los diferentes grupos de población de las tres culturas; cristiana, musulmana y judía. En las diferentes representaciones que se llevan a cabo son alrededor de 50 actores no profesionales los que llevan a cabo las mismas, más varios figurantes. Por otra parte, cerca de 120 recreacionistas, perfectamente ataviados y pertrechados, que llegan de varios puntos de España, montan un campamento recreacionista que dota de vistosidad y precisión histórica a la fiesta. Participan con su presencia en los diferentes actos que se celebran.