Calatayud da la bienvenida a Claudio, protagonista de una nueva exposición arqueológica
La colaboración entre Gobierno de Aragón, Ayuntamiento bilbilitano y los museos de Calatayud y Zaragoza ha permitido el regreso de esta gran pieza y de otras seis de distinta épocaEl Museo de Calatayud ha inaugurado este jueves la exposición ‘Claudio regresa a Bílbilis 364 años después’. Es una muestra de siete piezas arqueológicas, todas ellas halladas en la zona de Calatayud y en las que por su historia, volumen y significado para la ciudad, el busto del emperador Claudio es la gran protagonista.
Esta colección llega a la capital bilbilitana desde el Museo de Zaragoza en depósito temporal y es fruto del entendimiento entre varias instituciones que comparten una misma inquietud; que la cultura y el patrimonio han de llegar a todo el territorio. La iniciativa tiene como objetivo enriquecer y complementar el actual discurso del museo bilbilitano, mediante la incorporación de materiales de las colecciones del Museo de Zaragoza, vinculados a Calatayud y su entorno.
La Dirección General de Cultura y Patrimonio Cultural del Gobierno de Aragón, y el Ayuntamiento de Calatayud, junto con el Museo de Zaragoza y el bilbilitano, han hecho posible que este espacio expositivo de la antigua Bílbilis pudiera ser el hogar del busto del emperador Claudio, mientras se llevan a cabo las obras de reforma del Museo de Zaragoza.
Las piezas depositadas, un total de siete, abarcan distintas cronologías y contextos actuales, desde la época celtibérica hasta el periodo islámico. Tres de las piezas proceden de la antigua colección del conde de Samitier, figura clave en los inicios de la investigación arqueológica de la zona, y que se encuentra en su mayor parte en el Museo de Zaragoza gracias a la donación que realizó la familia en 1991.
De esta colección forman parte la cabeza masculina en arenisca de época celtibérica procedente de Durón de Belmonte; la inscripción epigráfica funeraria de Mandicus, posible ciudadano romano con nombre de origen celtibérico, una obra hallada en Bílbilis a inicios del siglo XX; y un fragmento de una cajita de perfume (pyxis) decorado con una representación de Eros.
También de época romana sobresale el retrato del emperador Claudio, propiedad de la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País. La pieza fue hallada en el yacimiento de Bilbilis en 1662 y presenta un notable interés histórico, tanto por el retrato romano como por busto y el pedestal mandado construir por el conde de Villanueva en el siglo XVII.
El depósito incorpora, asimismo, piezas procedentes de intervenciones arqueológicas realizadas en el casco histórico de Calatayud. Entre ellas destacan dos omóplatos inscritos en árabe (alifatos), hallados en la Plaza del Carmen número 9, así como una jarra islámica decorada recuperada durante las excavaciones efectuadas en el entorno de Santa María la Real. Estas piezas presentan un especial interés por las inscripciones conservadas, que constituyen valiosos testimonios de la cultura escrita en la Calatayud medieval de época islámica.
“Una pieza muy querida”
El director general de Cultura y Patrimonio Cultural, Pedro Olloqui, ha considerado que Calatayud “es un ejemplo para todo Aragón desde el punto de vista cultural”. “Para el Gobierno de Aragón es una apuesta irrenunciable el territorio y, en este sentido, es necesario el compromiso de los alcaldes aragoneses con una especial sensibilidad por los temas culturales”.
En el caso de esta exposición ha agradecido también la colaboración del Ministerio de Cultura, y ha apuntado que la muestra es fruto de una operación compleja “porque es una pieza muy valiosa y querida en el Museo de Zaragoza y era una aspiración importante exhibirla en Calatayud”. Los bilbilitanos “viven con orgullo que una de las piezas más destacadas de la escultura romana en Aragón se pueda ver en su ciudad”.
El alcalde bilbilitano, José Manuel Aranda, ha dado las gracias al director general de Cultura por la sensibilidad y atención que está teniendo con la ciudad de Calatayud en general y con su museo en particular, porque son varias las exposiciones y espectáculos que han llegado a la ciudad de su mano. También ha resaltado las gestiones y todo el trabajo realizado por el subdirector del museo, Carlos Sáenz, para que esa mudanza temporal se haya llevado a cabo.
Una pieza esperada
La inauguración de esta exposición ha generado interés en la ciudad por el devenir de la escultura del emperador Claudio. En 1662 un agricultor de Huérmeda (actual barrio pedáneo de Calatayud y que está junto a lo que fue el municipium Augusta Bílbilis) sacó a la luz, mientras araba el campo, lo que parecía una gran piedra de mármol.
Era en realidad una escultura decorativa de alguna de las construcciones de aquella monumental ciudad, que habría estado integrada en un ciclo estatutario en honor de los emperadores de la dinastía Julio-Claudia, similar a los que tuvieron otras ciudades romanas como Caesar Augusta, Tarraco o Veleia. El templo o el foro pudieron contar con esta decoración realizada sobre mármol de la isla griega de Paros.
La escultura en origen era de cuerpo entero, pero fue cercenada por el agricultor durante la extracción. Como curiosidad, la cabeza reutilizó un retrato anterior del emperador Calígula.
Los golpes del azadón rompieron el busto y quedo entera la cabeza, que dos años después pasó a manos de un noble, de Miguel Martín de Villanueva. Era conde segundo de San Clemente, hijo de Calatayud, y amante de sus antigüedades, y encargó que hiciese el torso, el medio cuerpo que hoy tiene, y que pudo esculpirse sobre los fragmentos del bloque de mármol que también adquirió.
Dos años después de ser localizado Miguel Martín quiso que la cabeza y el busto se colocasen sobre un pedestal de mármol negro de Calatorao. La pieza con el busto y el pedestal llegó con posterioridad a la Sociedad de Amigos del País, que en 1868 la depositó definitivamente en el Museo de Zaragoza.
Homenaje a Manuel Martín Bueno
Este acto ha querido ser también un reconocimiento a Manuel Martín Bueno, quien fallecía el pasado mes de agosto. Referente internacional en arqueología y catedrático de Arqueología, Epigrafía y Numismática de la Universidad de Zaragoza, Martín Bueno fue el impulsor de las campañas de excavaciones continuadas en Bílbilis, y promotor del Museo de Calatayud, que se creó en 1972 por una Orden del Ministerio de Educación y Ciencia.
El director general de Cultura, Pedro Olloqui, ha transmitido el cariño del presidente de Aragón, Jorge Azcón, a Marisa Cancela y su familia como “gran admirador de la trayectoria académica de Manolo”. “Si Manolo es lo que es es por haber estado acompañado por Marisa Cancela, no solo desde el punto de vista familiar, sino también académico y cultural porque Marisa ha sido una brillante directora de museos en Aragón y puso las bases para que el IAACC Pablo Serrano sea ahora lo que es; una semilla que dejó plantada Marisa, como también fue vital en la trayectoria de Martin Bueno”, ha remarcado, para agregar que fue “un innovador y un embajador de Aragón, porque toda su vida ejerció militantemente la importancia de reconocerse como aragonés”.
“El profesor Martín Bueno ha sido un excelente embajador de Calatayud, de la que era Hijo Adoptivo, y que le debe todo lo que en el último medio siglo conocemos del que es el origen de los bilbilitanos, además de la colección arqueológica de estas salas, que siempre recordaran su nombre y de los miles de piezas que se guardan”, ha manifestado Aranda.
Su discípulo y compañero Carlos Sáenz, doctor en Historia, profesor de la Universidad de Zaragoza, codirector de las excavaciones y subdirector del museo, ha loado la figura del maestro de cientos de arqueólogos y expertos, que asumió numerosas responsabilidades relacionadas con el patrimonio en diferentes instituciones y que fue un referente en la arqueología subacuática.
La viuda de Manuel Martín Bueno, Marisa Cancela, ha recordado que conoció a Manolo, como popularmente se le reconocía, en un congreso de arqueología en Oporto y allí comenzó su relación. “En Huérmeda (Calatayud) se criaron mis hijos”, ha dicho, apuntando que en el yacimiento de Bílbilis “se curtieron generaciones de estudiantes”, dado que Manuel Martín Bueno “se movió siempre con un equipo de alumnos que más que alumnos eran una familia”, a los que siempre “mimó”.
“Manolo era tremendamente humano, una persona con un sentido del humor tremendo y muy afectivo. Nunca dejó de venir a Calatayud, ni perdonó sus almuerzos de los jueves con sus amigos”, ha rememorado, para subrayar que en sus proyectos “no veía nada imposible”.